Hace una generación, los padres advirtieron a sus hijos que demasiada televisión les daría los ojos cuadrados. Hoy, mientras los reality shows aprietan su control invencible sobre la atención de la nación, ¿podría la consecuencia del exceso de indulgencia ser un carácter deformado? Con su desfile de personajes espantosos y demostraciones de comportamiento tóxico (impulsado con entusiasmo por los productores con un ojo puesto en los índices de audiencia), los reality shows atraen una creciente preocupación de los observadores que temen que el elenco, los productores y el público puedan estar participando en algo moralmente reprobable, y que Se avecinan graves consecuencias para la sociedad.

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