La carretera siempre ha sido un gran nivelador social. Puede que tengas un Hyundai viejo y yo un BMW nuevo, pero ambos nos quedamos atrapados en los mismos atascos de tráfico. O al menos, tenemos hasta ahora.

Los automóviles sin conductor están llegando, y con ellos un posible futuro en el que la movilidad y el acceso a la carretera se privatizan, cotizan y clasifican en niveles de servicio: premium, económico, etc.

Esta semana exploraremos la ética social de la revolución de los vehículos autónomos y por qué a las personas que trabajan en este campo de la tecnología no les gusta hablar del “problema del tranvía”.

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