Muchos de nosotros en estos días estamos enterrados bajo una avalancha de cosas: objetos cotidianos que parecen proliferar en el armario mientras estamos de espaldas. Nuestra obsesión con la tecnología material infecta nuestra visión de la historia humana, ya que muchos antropólogos juzgan el progreso de las civilizaciones pasadas sobre la base de la cantidad de cosas que generaron o “fallaron” en generar. Y la producción de cosas amenaza nuestro futuro, con la inminente catástrofe del cambio climático y la creciente ola de microplásticos. El movimiento contemporáneo de “desordenamiento” solo puede llevarnos hasta cierto punto, y crea sus propios problemas. ¿Cómo podemos manejar nuestra adicción a las cosas?

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