El filósofo Richard Rorty describió el lenguaje religioso como un “tapón de conversación”; pensó que era intrínsecamente autoritario e incompatible con la política democrática. Pero en Filipinas, bajo la brutal presidencia de Rodrigo Duterte, el lenguaje religioso y la política democrática están trabajando juntos como aliados cercanos, y esto tiene implicaciones preocupantes para la justicia y los derechos humanos.

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