El filósofo zimbabuense Pascah Mungwini ha escrito que “la filosofía africana es una filosofía nacida de la ira y la humillación”, inseparable del legado del colonialismo. Es un cuadro muy alejado de la imagen refinada de Descartes sentado en su sillón junto al fuego, entregándose a cuestiones de metafísica. ¿Cómo articula la filosofía africana en un entorno académico occidental? ¿Y qué se pierde en el proyecto de “traducir” lo primero a las categorías de lo segundo?

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