La filosofía a veces puede ser un ejercicio de razón abstracta, “pura”, no mancillada por las demandas del cuerpo o las contingencias de la historia. La filosofía, se nos dice a menudo, debe buscar la trascendencia, preocupándose por las ideas y la búsqueda de un tipo de verdad que existe por encima y más allá de las cosas desordenadas del mundo material. Pero esta semana estamos colocando la historia y la corporeidad al frente y al centro, con una mirada a la vida íntima de cuatro eminentes filósofos y preguntando cómo sus enredos privados dieron forma a su obra pública.

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