Si eres activo en las redes sociales, probablemente lo estés haciendo de vez en cuando. La tentación de elevar el estatus social de uno a través de la demostración pública de la conciencia moral es casi irresistible, y las plataformas en línea lo hacen muy fácil. Pero la fanfarronería moral no es un pasatiempo inofensivo. Es insidioso y corrosivo, carcome los cimientos del discurso público y profundiza las divisiones entre nosotros. Pero, ¿cómo detenerlo?

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