¿Quién es responsable de los actos de tortura? Los perpetradores individuales, ciertamente. Pero centrarnos en la culpa de los individuos puede llevarnos a perder la importancia del contexto: social, político, cultural, la “ecología” de las circunstancias complejas en las que se producen las prácticas de tortura. A medida que la tortura se vuelve más familiar y más cercana a casa, practicada o reconocida como una herramienta válida por los gobiernos occidentales en la “Guerra contra el terrorismo”, ¿es hora de repensar el lenguaje de los derechos humanos, centrado como está en la primacía del individuo?

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