Cuando morimos, nuestro yo digital a veces sigue vivo. Existen chatbots asistidos por IA que pueden imitar nuestras identidades en las redes sociales y continuar comunicándose con amigos y familiares después de que nos hayamos ido. Los problemas de privacidad y preservación se ciernen sobre nuestro legado en línea. La línea entre la muerte y la vida, ya desdibujada por la tecnología médica, es aún más borrosa en el dominio digital. ¿Qué debemos hacer con estos nuevos fenómenos? ¿Y cómo deberíamos prepararnos para nuestra propia vida futura electrónica?

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