‘Mal’ es una de esas palabras que parecen transmitir claridad moral: todos sentimos que conocemos el mal cuando lo vemos. Pero hubo una vez en que el ‘mal’ simplemente se refería a la mala suerte o mala conducta mundana; su transformación en algo casi metafísico es un giro relativamente reciente. ¿Se trata de contexto? Podemos ganar o perder si retrocedemos en sus connotaciones extremas. ¿Y qué quiso decir Hannah Arendt cuando habló de su banalidad?

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